martes, 15 de febrero de 2022

martes, 1 de febrero de 2022

¿Cómo hablar con un neonazi?

Daniel Kravitz, dueño de Home Again Furniture, un negocio de muebles usados en Denver, asegura que uno nunca puede saber quién va a entrar por la puerta de su comercio. Kravitz cuenta la historia de su encuentro con un cliente singular:

Recibí una llamada telefónica en respuesta a un aviso clasificado que publiqué para vender un juego de dormitorio negro por $250. Durante la conversación, el joven al otro lado de la línea me dijo que tenía sólo $700 y me preguntó si tenía en mi comercio suficientes muebles para amoblar todo su departamento.

Le pregunté cuán grande era su departamento, y resultó que además del juego de dormitorio, necesitaba un juego de comedor, un sofá, mesas y una lámpara. Le dije que si no era muy exigente, podía amoblar su departamento por $700.

Él no vino sino hasta el día siguiente.

De repente entró una persona de apariencia impactante. Un skinhead. Alto, de 1,90 metros. Esbelto. De poco más de 20 años. Con una camiseta sin mangas, pantalones oscuros. Botas Doc/Martin [fabricadas en Inglaterra y muy populares en la subcultura, los punks, skinheads, etc.].

Los brazos llenos de tatuajes. No pude evitar leer que decían: Hay que matar a los negros y a los judíos. De inmediato comprendí quién era este individuo.

—¿Tú eres Dan verdad? Ayer hablamos por teléfono. ¿Todavía tienes el juego de dormitorio negro?

—¿Tú eres el joven que dijo que tiene $700 para amoblar todo su departamento?

Caminamos por el negocio. "Puedo darte este sofá y estas mesas…" En 20 o 30 minutos encontramos lo que él quería. Y yo le agregué unos platos de regalo, ya que igual quería liberarme de ellos.

Regresamos a mi escritorio. Escribí un recibo, incluyendo el inventario y los precios regulares. El total llegaba a unos $1.000, que yo reduje a $700. Le di el recibo para que lo firmara en la parte inferior. Él lo observó y dijo:

—Vaya, realmente me hiciste un gran descuento.

—Ese era el trato.

—¿No tendrás problemas por descontarme tanto?

—No, es mi negocio.

—Realmente te lo agradezco.

—Soy un hombre que cumple su palabra —le digo, y me paga al contado.

Lo ayudo a cargar los muebles en una pickup. Trabajamos y sudamos. Cuando terminamos le pregunto si quiere una Coca Cola u otra cosa fría para beber. No hay otros clientes y tengo tiempo para sentarme con él. Le doy una lata de Coca Cola y saco otra para mí.

Durante todo el tiempo lo estuve observando para ver si llevaba un revolver o un cuchillo. Verán, los chicos buenos no tienen esa clase de tatuajes.

Cuando cargamos los muebles se le levantó la camiseta y vi que no tenía ningún arma en el bolsillo. Me sentí cómodo porque no tenía un arma, así que aproveché y le dije:

—No pude evitar ver tus tatuajes. ¿Realmente crees en eso?

—Demonios que lo creo.

—¿Alguna vez heriste a alguien?

—Sí.

—¿Cuántos negros y judíos conoces?

—No necesito conocer a ninguno. Sé que todos son malos. Los negros tratan de quedarse con las mujeres blancas. Los judíos controlan los bancos y el gobierno.

—Odio tener que decirte esto, pero no estoy de acuerdo con tu propaganda. Yo crecí en Park Hill rodeado de muchas personas negras. A menos que conozcas a alguien, no puedes juzgar a toda una cultura.

Vi que no estaba conectando con lo que le dije, así que agregué:

—Apuesto que no hablas con tu padre y con tu madre. Si mi hijo tuviera en sus brazos los tatuajes que tú tienes, yo no hablaría con él. No creo que hables con tus padres.

—No, no hablo con ellos.

Entendí que había tocado un nervio sensible. A continuación, le dije:

—No hace muchos años tu madre te sostuvo en sus brazos, y ella te ama. Yo también soy padre. Estoy seguro que tus padres sufren y te extrañan, ellos no están de acuerdo con el camino que sigues.

Entonces le dije:

—Quiero compartir algo contigo… yo soy judío.

—No, no lo eres.

—¿Por qué te mentiría sobre algo así?

—No te ves como un judío.

—¿Cómo se ve un judío?

—No como tú.

Señalé la puerta de entrada y le mostré que había una mezuzá, le dije que eso es lo que los judíos colocan en sus entradas.

También tenía un sidur, así que lo abrí y le dije:

—Mira, esto es hebreo.

Le mostré los horarios de mi negocio y le dije:

—Presta atención, está cerrado el sábado. Yo vivo como un judío. Lo que piensas de los judíos no es cierto. Yo rezo con personas que tienen números grabados en sus brazos. Tú eres parte de un grupo de personas que creen que el Holocausto nunca ocurrió. Yo no sólo perdí allí miembros de mi familia, sino que rezo con personas que tienen números grabados en sus brazos.

—No, eso es un Holohaux (la forma en que se refieren al Holocausto quienes niegan que haya ocurrido)

—Eso no es cierto en absoluto. ¿Sabes qué? Pienso que eres un buen tipo. Por algunas de las cosas que dijiste sé que estás muy agradecido porque te di un buen descuento. Sé que tu padre y tu madre te educaron con buenos valores. Lo que no puedo entender es por qué te volviste parte de los neonazis. Hay dos formas en las que puedes terminar. O muerto o en prisión y un grandulón te tomará por su esposa. Tienes que pensar en lo que haces. Estas son las únicas dos opciones si sigues haciendo lo que haces. Me dijiste que heriste a otras personas. ¿Quieres lastimarme?

—No, tú fuiste amable conmigo.

—Yo sólo fui amable contigo porque me brindaste la oportunidad de ser amable. Tú lastimas a personas que ni siquiera conoces por el color de su piel o por su religión. Tienes que pensar en eso. A las personas con las que estás no les importa si estás en prisión o muerto. Pero a tu madre y a tu padre les importa.

Entonces entró otro cliente.

—Mira, ahora no puedo seguir conversando, pero si quieres hablar más conmigo con gusto podemos hacerlo. Quiero que pienses en lo que te he dicho, porque todo lo que dije es la verdad.

No supe qué fue lo que él pensó. Pero él llegó con el prejuicio de que los judíos son codiciosos y acaparadores de dinero. Tenía que entender que aquí había un judío que lo trató realmente bien, lo ayudó a cargar su camión y sudó con él. Creo que lo que le impactó fue cuando le dije: "No hace mucho que tus padres te tuvieron en sus brazos". Él se marchó.

Meses más tarde, casi un año después, regresó al negocio.

—¿Me recuerdas? —me preguntó.

—Por supuesto.

Estaba vestido completamente de otra manera. El cabello le había crecido, no más cabeza rapada, cabello normal. No se veía como un skinhead. Tenía una camisa de mangas largas, jeans y zapatillas. Parecía una persona diferente.

—¿Te reconectaste con tus padres? —le pregunté.

—Sí… Tengo que pedirte perdón. Ahora entiendo cuán ofensivos y dolorosos son mis tatuajes. En este momento no tengo el dinero para hacerlo, pero voy a quitarme todos esos tatuajes.

Me dio un abrazo y nunca lo volví a ver.

 


Reimpreso de The Unexpected Road

sábado, 15 de enero de 2022

Reinos Aymaras



Los Reinos Aymaras, Señoríos Aymaras, Señoríos Aimaras o Reinos Lacustres fueron un conjunto de pueblos nativos que florecieron hacia el período intermedio tardío, posterior a la caída de la cultura Tiahuanaco cuyas sociedades se ubicaron geográficamente en el Altiplano andino. Se desarrollaron entre los años 1150 y 1477 en que fueron conquistados por los Incas. Los reinos desaparecieron por la conquista militar de los incas, pero la población aimara actual, descendiente de estas poblaciones, se calcula en dos millones ubicados en los países de Bolivia, Perú y Chile. Usaron la lengua aimara y puquina.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Leyenda del Tata Sabaya



En tiempos lejanos, cuatro fabulosos y hermosos nevados gobernaban nuestra tierra. Ellos estaban divididos en dos grandes imperios: el Illimani y el Illampu en el Oriente. El Sajama y el Tata Sabaya en el occidente. Ellos eran hermanos.

La montaña Tata Sabaya vivía en compañía de Cabaray, Sayani, Coipasa y otros cuidadosamente atendidos por las chinchillas, las vicuñas y avestruces.

En medio de esa vida de paz, el joven Tata Sabaya se sentía enamorado de la bella T'allaThunupa, hija del mallku Toroni.

Cubriéndose de elegante ropaje visitó la casa de la princesa. Los cumplidos para la bella Thunupa y los respetos para el genial Toroni, fueron bien recibidos por parte del padre e hija.

Tata Sabaya satisfecho regresó a su mansión y comunicó sus sentimientos a su hermano mayor Mallku Sajama. El hermano recibió la noticia muy modesta, pensando que su hermano menor quería expandir sus dominios y con prepotencia preparó un plan contra su hermano Tata Sabaya.

Una noche, a la cabeza del gran Sajama un ejército bien armado sorprendió al joven Tata Sabaya que descansaba sin sospechar que estaba rodeado.

Hondearon con inmensos bloques de piedra el cuerpo del joven hasta que lograron destruir la blanca dentadura de platino que tenía el mallku Tata Sabaya.

Muy herido, Tata Sabaya empezó a escupir sangre y fuego sobre el salar de Coipasa que luego se convirtió en pequeñas colinas llamadas ahora “qullu qullu”. Ante semejante ultraje, Tata Sabaya preparó a sus colaboradores chinchillas y millones de “tujus” (roedores) para abrir inmensas galerías en las entrañas del enemigo.

Una noche iniciaron el plan con todo empeño. Abrieron galerías con salidas por todos los costados durante varios días. El enemigo sentía morirse. Entonces los grandes mallkus: Illimani e Illampu intervinieron imponiendo la paz.

Sajama muy herido curó sus heridas cuando caía una granizada. Así se cubrió para siempre con un poncho blanco. El Tata Sabaya celebró su matrimonio con la bella Thunupa al que asistieron los mallkus supremos. Al oriente se colocaron el Illampu, el Illimani, el Mururata y el Huayna Potosí. Al occidente el Sajama, el Larackawa, el Parinacota, Toroni y en un sitio especial "Tata Sabaya y la soberana Talla Tunupa.

Otra vez retornó la calma. Hasta el día de hoy la nueva pareja extiende sus dominios desde Carangas hasta los Lípez con dos grandes mares de leche llamados Uyuni y Coipasa.

El Tata Sabaya es un volcán de 5 430 metros de altura ubicado en Bolivia. Forma parte de la zona volcánica central, uno de los varios cinturones volcánicos de los Andes que están separados por lagunas sin actividad volcánica.

Esta sección de los Andes fue volcánicamente activa desde el Jurásico, con un episodio de fuerte vulcanismo ignimbrítico que ocurrió durante el Mioceno. Se encuentra en una región escasamente poblada al norte del salar de Coipasa.

La actividad volcánica en el Tata Sabaya y en otras partes de la zona volcánica central es consecuencia de la subducción de la placa de Nazca por debajo de la placa sudamericana. El volcán se ha desarrollado a lo largo de un lineamiento que separa la corteza más vieja al norte del lineamiento de la corteza más joven en el sur, y la estructura ha sido formada por rocas andesíticas.

El flanco sur del Tata Sabaya colapsó entre 12 000 y 12 360 años antes del presente, durante el último Pleistoceno. Los restos del colapso entraron en un lago que cubría el salar de Coipasa en ese momento y formaron un depósito con un volumen de 6 ± 1 kilómetro cúbico.

Posteriormente, la cicatriz del colapso se rellenó parcialmente con flujos y domos de lava más recientes; la última erupción ocurrió unos 6 000 años antes del presente aproximadamente


martes, 30 de noviembre de 2021

Dreidel



Un dreidel (Yiddish: דריידל dreydl plural: dreydlekh, Hebreo: סביבון Sevivon) es una perinola o peonza de cuatro caras, con la que se juega durante la fiesta judía de Janucá. El dreidel es una variante judía de la perinola, el juguete se encuentra en muchas culturas europeas.

Cada lado de la perinola tiene una letra del alfabeto hebreo: נ (Nun), ג (Gimel), ה (Hei), ש (Shin), que juntos forman el acrónimo de "נס גדול היה שם" (Nes Gadol Haia Sham - "un gran milagro ocurrió allí"). Estas letras forman también una regla mnemotécnica para las reglas de un juego de azar jugado con un dreidel: Nun representa la palabra yiddish nisht ("nada"), Hei representa halb ("medio"), Gimel para gants ("todos"), y Shin para shtel ayn ("colocar"). En Israel, el cuarto lado de la mayoría de los dreidels está inscrito con la letra פ (Pei), haciendo que el acrónimo, נס גדול היה פה (Nes Gadol Haia Poh - "Un gran milagro ocurrió aquí"), en referencia al milagro que ocurre en la tierra de Israel. Algunas tiendas en los barrios Jaredí venden dreidels con la letra ש.